Todo comenzó:
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Cuando renuncié a mi trabajo en relación de dependencia. Trabajaba muchas horas en el aeropuerto y no encontraba sentido a lo que hacía.
Empecé con episodios de sofocamiento y estrés crónico, y tuve que tomar licencias por el nivel de cortisol.
Con la pandemia toqué fondo; cuando la empresa ofreció retiro voluntario, lo tomé y me lancé de lleno a emprender.
Después llegó una tragedia a mi vida: una experiencia profundamente dolorosa, la desaparición de mi hermano mayor. Eso hizo que pusiera en pausa todo mi emprendimiento y mis estudios.
Como trabajaba acompañando procesos emocionales, en ese momento no me sentía capacitada para sostener procesos ajenos cuando apenas estaba sosteniendo el mío. Así que abandoné completamente mi negocio de terapia.
En ese momento tan oscuro, conocí el mundo del fitness y el culturismo. Me ayudó a salir adelante dándome un propósito: el entrenamiento, la vida saludable y la ilusión de algún día poder pisar una tarima y competir como atleta por primera vez, aunque en ese momento lo veía lejano.
Así fue como empezó mi aventura. Eran días difíciles: mi hermano no aparecía, había problemas familiares y de pareja, y el gimnasio era mi único propósito e ilusión. Era lo que me sacaba de la cama a la mañana. Llueva, haga frío o calor, iba igual, más allá de cualquier pronóstico.
Después de dos años debuté como atleta bikini y gané todas mis categorías, lo que hizo que mi carrera como amateur se volviera prometedora. Como me enamoré del estilo de vida y del deporte, estudié y me certifiqué como personal trainer, y también hice cursos de nutrición deportiva.
Al año siguiente comencé a entrenar personas de forma presencial y online, además de trabajar como profe en un gimnasio y mi amor por esta profesión fue incrementándose.
Una de las decisiones que cambió mi rumbo fue elegir el gimnasio en vez de quedarme en el papel de víctima y meterme de lleno en el mundo del alto rendimiento. Fue un giro inesperado, pero esa decisión hizo que mi desarrollo personal y mi mentalidad crecieran muchísimo.
Seguí estudiando y me certifique como coach teniendo un master y un trainer en PNL, y lo fui llevando a la práctica en mis preparaciones para competir, que eran muy exigentes. A la par, implementaba todo lo que iba desarrollando en mi experiencia como deportista.
Durante tres años mi carrera como amateur fue muy exitosa. En esos años aprendí muchísimo sobre mí, sobre el deporte y sobre mi autoconocimiento. El año pasado gané mi carnet profesional: primero gané un mundial y, al día siguiente, debuté como atleta profesional, entrando en el primer llamado junto a atletas de mucha experiencia y trayectoria en torneos profesionales.
Hoy tomé la decisión de acompañar y guiar a mujeres que elijan transformarse de verdad: no solo cambiar su físico y sus hábitos para construir una vida más saludable, sino también desarrollar disciplina y autoestima para que esos cambios sean reales y perdurables en el tiempo